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Amor Interdimensional

Sentado frente a su computadora, Carlos simplemente desaparecía. Se veía como cualquier muchacho recién salido de la adolescencia. No muy alto, de cabello bastante rizado, sin llegar a afro y de complexión más o menos atlética, sería fácil confundirlo con algún skater aficionado a la programación.

 

La realidad es que Carlos, a sus 22 años, ya se había convertido en uno de los más talentosos hackers del mundo, poseía además un talento extraordinario para crear dispositivos tecnológicos que desafiaban la realidad.

 

Era un chico sobrio y analítico, demasiado lógico y formal para haber crecido huérfano en la mansión de sus abuelos, prácticamente vacía todo el tiempo.  

 

Salía de vez en cuando. Le gustaban los lugares concurridos, donde podía desaparecer entre entre la gente. Con una mochila y su portátil, flotaba con su patineta hasta llegar al Starbucks. 

 

Su área de interés y su especialidad eran los nuevos adelantos tecnológicos y avances de la ciencia, trabaja para él mismo y sin agenda. Se sumergía en la Deep Web como lo haría cualquier explorador de mares en la fosa de las Marianas.

 

Ese día se pidió un frappe late y un panqué de limón, el de la escarcha glaseada y crujiente. Abrió su laptop, se puso sus audífonos, he inicio una play list que comenzó con “Seven Nation Army”. Con sus dedos tecleando hábilmente, aquel rincón en ese Starbucks se convirtió en un pequeño batiscafo donde inició otra jornada en el abismo. 

 

Absolutamente absorto en las profundidades virtuales, no se percató de que una hermosa chica se sentó en el mismo sofá que él.

 

Aquella muy tenue ráfaga de viento expandiéndose con un aroma delicioso lo trajo de vuelta de las profundidades a la superficie de la realidad. Carlos se quedó por un momento atrapado en esos ojos color galaxia con su propia fuerza gravitacional, aunque ella estaba en el otro extremo del sofá.

 

Extrañado, pero bajo control como siempre, se quitó los audífonos y frunció las cejas. Aquella chica era simplemente bellísima, aunque a él le quedaba un poco grande, no solo porque fuera ligeramente más alta, si no por que en definitiva era mayor de treinta. 

​

“Se que lo que te voy a decir va a sonarte increíble... (Le dijo la chica de mirada azul, apenas agitada, mientras se acercó un poco más él). Por favor, por favor, inténtalo...”

 

Ecuánime y analizando esa absurda situación, Carlos bajó despacio la pantalla de su portátil. Cualquier otro chico su hubiera derretido en sus inseguridades, se hubiera puesto nervioso o hubiera transpirado a chorros, pero no Carlos. Sin perder la calma analizó cuidadosamente el entorno. Hizo un lista de posibilidades en su mente, pero nada. Así que Carlos miro pacientemente a la chica bonita, seguro de que había una explicación lógica de lo que estaba ocurriendo. Ella en cambio se miraba inquieta y miraba tras sus hombros mientras se acomodaba su fleco tras la oreja... Él decidió no hablar, esperó mejor la explicación.

 

Con su rostro angustiado, ella trató de recuperarse y de hablar con toda la seriedad posible, por supuesto, primero se humecto los labios que apenas se le estaban quedando secos. Antes de empezar, se quedó viendo a Carlos con una ternura infinita. A carlos eso lo hizo confundirse más. 

 

“Ok, Charly, cariño, no tengo otra forma de empezar... (Continuó ella) Nos conocimos dentro de 14 años años, te dejaste crecer más tus rizos. Fue así como iniciamos nuestra primera charla, sigues creyendo que hubieras preferido tener el cabello más ondulado. Yo no te cambiaría nada, para mi siempre te has visto perfecto. Pero me enamoré de ti por otras razones; tu humor amargo como el chocolate, tu lógica indestructible, me enamoré de tu interés por otros, de tu convicción de hacer lo correcto, de tu llana capacidad de amar y de tus muchas, muchas contradicciones”.

 

Para ese entonces Carlos ya había calculado que la probabilidad de conocer a una mujer tan hermosa, que le llamara por su nombre y le dijera cariño, eran las mismas a que le pegara un rayo dos veces, un día soleado.  

 

Según su análisis preliminar, todo en ese Starbucks parecía normal. Quizá alguien lo había descubierto en alguna de sus últimas incursiones en la red, en lugares no necesariamente públicos en los que le gustaba infiltrarse. Tal vez esa chica era una detective o alguien de alguna agencia de gobierno. Quizá por ahí había una cámara escondida grabando la broma.

 

Aunque se sonrojó por la alusión esa al enamoramiento, Carlos se dispuso a jugar su tarjeta de cool para ver cuánta información tenía ella de él antes de implementar su plan de escape.

 

“Rizos... (Dijo ella mucho más serena) Solo somos tú y yo ahora, pero no por mucho tiempo, me están siguiendo, y estoy aquí por que tengo fe en que lo que sientes por mí, lo que vas a sentir por mí, alcanza para que hoy me creas y nos salves.” 

 

Carlos sonrió, pero no dijo nada, quería saber todo lo posible antes de abrir la boca... aún no sabía si estaba en serios problemas legales o si todo eso era una broma, la mas hermosa broma que jamás le hubieran gastado... 

 

Por su supuesto, le extrañó que ella lo llamara Rizos, y no Charly... después de todo su café estaba a nombre de Carlos, y de Charly a Carlos no había mucho que descifrar, así es como supo su nombre, pensó él. Pero ¿Rizos? Solo sus padres lo habían llamado así, y de eso ya había pasado mucho tiempo. Carlos pensó que si quería saber lo que en realidad estaba ocurriendo, tendría que seguirle el juego unos minutos más al personaje indescifrable que tenía enfrente... 

 

Aún paciente, Carlos se puso serio y por fin habló. Pensó que un toque de humor relajaría un poco el ambiente.

 

“De manera que estas enamorada de mí, es decir, vas a estarlo, o algo así, ¿no? Interesante... Viniste para que yo nos salve ¿voy bien? Es decir, no vienes a arrestarme. De hecho dices que es a ti a la que están siguiendo ¿No deberías entonces correr?"

 

Y le señaló la puerta con la mirada. 

 

“No eres gracioso Charly. Pero sí, deberíamos correr”.

 

Carlos se sonrío y movió la cabeza, todavía no le encontraba lugar a esa extraña situación y ya estaba en su modo alerta, y por cualquier cosa, era mejor marcharse. Se agachó para recoger su mochila pero la patineta estaba detrás de ella. 

 

Entonces ella se le acercó más y le tomó la mano... Lo miró como diciéndole "prepárate"... Y dijo:

 

“Naciste el 25 de enero del 2002... Quedaste huérfano a los 7 años, nunca averiguaste lo que pasó con tus padres, y la fortuna de tu abuelo siempre te importó un cuerno. Aprendiste muy bien a no revelar que eres un genio, un increíble genio y todo lo que sabes lo has aprendido por tu cuenta. Los números y los algoritmos te enseñaron la certidumbre que la vida no tiene, y aún así, siempre te ha llamado mucho la atención la gente o 'los normales', como tú les dices. Siempre medio la impresión de que los ves como a hermanitos menores que cuidar, nunca dejaste de ser un cursi. 

Piensas que la tecnología es la mejor forma de ayudar a muchos. Pero, lamento decirte, cariño, que estás equivocado. Para serte franca, aún no entiendo por qué te importan tanto las personas, tu concepto del bien me parece demasiado idealista. En fin. Intentarás muchas cosas y terminarás absolutamente convencido de que no hay forma inteligente de combatir al sistema. 'Cualquiera que intente cambiar al sistema, se volverá irre....'”

 

“... Irremediablemente parte de él”

 

Carlos completó esa oración totalmente consternado, ella siguió:

 

“Cuando te conocí estabas perdiendo el rumbo. Nos hicimos amigos, los mejores. Hasta que supiste en lo que yo trabajaba. Estuve a punto de perderte, pero al final, decidiste ayudarme. Yo no sabía si guardar o destruir lo que había descubierto. Charls, es posible viajar en el tiempo. No a través de una máquina, hay accesos, ni siquiera se trata del tiempo, son puentes interdimensionales... pero lo increíble, lo extraordinario es que son absolutamente susceptibles a nuestros pensamientos”. 

 

Carlos estaba estupefacto. La información era cierta, todo lo que dijo sobre él. ¿Cómo había obtenido esa chica esa información? ¿Y qué eran esas locuras de viajes interdimensionales? 

 

Le soltó la mano y le preguntó molesto:

 

“¿También eres hacker?” 

 

Sin dejarla responder continuó:

 

“Eres buena, en serio eres buena, no entiendo cómo obtuviste esa información, por favor dime de qué se trata todo esto, ¿quién eres? ¿Qué está pasando?”. 

 

“La borraste bien Charls, esa información ya no existe (respondió ella tratando de tranquilizarlo y tomándole de nuevo la mano). Siente mi mano, yo no soy una amenaza, te estas asustando ¿verdad? Tranquilo, soy yo. No soy un hacker soy la mejor física cuántica y matemática de nuestros tiempos y hubiera preferido no serlo". 

 

Carlos no podía creerle, nada de lo que ella decía era lógico, ¿porqué le parecería como si eso que estaba pasando ya lo había vivido antes? ¿Y si todo eso era un sueño? 

 

Ahí estaba Carlos, entre la realidad y la ficción, viendo su entorno como se vería un universo paralelo ocurriendo al mismo tiempo. Pero la mano de ella, la que le enredaba su manos y le hacía sentir en calma, tenía que ser real, parecía real. 

 

 “Tengo una forma de probarte lo que te estoy diciendo”.

 

Dijo ella algo más determinada.

 

Carlos aún no decidía a qué realidad volver... estaba perdido en aquellos ojos azul-galaxia. 

 

“No entiendo lo que está pasando, me siento extraño, siento que te conozco, pero ni siquiera se cómo te llamas”.

 

“Lo recordarás cuando pruebe lo que digo.”

 

“¿Voy a recordar algo que aun no he vivido?”

 

“Sí, bueno, en teoría”

 

“¿Ahora voy a ser tu conejillo de Indias?”

 

Dijo él, sin pensar en la lógica ni en las consecuencias.

 

“Mira, (dijo ella y cambió a su tono científico) no voy a ponerme complicada, pero esencialmente descubrí que nuestro cerebro interacciona con el espacio tiempo a niveles subcuánticos inimaginados, no lo sabíamos, hasta que descubrí que existen infinitesimales fisuras entre universos. Creíamos que afectábamos al mundo cuántico solo con verlo, pero no, estábamos equivocados, lo que afecta el mundo cuántico no son nuestra mediciones, son nuestros pensamientos”.

 

Carlos ya había leído sobre el experimento de la doble rendija que parecía demostrar que al medir un fotón, su comportamiento era distinto a cuando no se medía, como si la mera observación afectara el resultado, como si el fotón supiera que lo estaban viendo. Ella continuó:

 

“Mira, los pensamientos no se ven, pero existen, son información. Esa información puede atravesar dimensiones y a esa información no le afecta el tiempo. La información no se crea ni se destruye... la información solo viaja, es otra forma de energía. Nosotros la creamos, está en nuestras mentes. No es que se pueda controlar el lugar al que se va, las pensamientos más potentes, los que afectan las grietas entre dimensiones, están en lo más profundo de nuestro subconsciente. Y son solo los pensamientos que producen los más potentes sentimientos los únicos que pueden hacer vibrar las grietas interdimonesinales lo suficiente. Y solo hay un sentimiento capaz de romper la barrera entre los mundos... ¿no adivinas cuál es?"

 

“Casi lo estoy imaginado” respondió Carlos aún incrédulo... “y resulta que según tú, el cursi idealista soy yo”... dijo Carlos más atrapado por los argumentos, que por las preocupaciones de su entorno, no quitaba su cara de consternado, aunque ahora era más de intriga. 

 

Ella continuó:

 

“No tengo tiempo para explicarte todo, pero ese sentimiento cursi que no quisiste ni nombrar es cuantificable y poderoso. Es capaz de romper las barreras entre universos, es un proyectil de información que viaja más rápido que la luz. Todo lo que alimenta a ese particular pensamiento-sentimento, lo hace más intenso; nuestros recuerdos y nuestras memorias lo son todo. Carlos, es demasiado para explicar, esto tiene que ver con el entrelazamiento cuántico, lo que Einstein describió como el 'spooky action at a distance'.  

Estas interacciones son afectadas por lo que pensamos. Los aromas, por ejemplo, encienden los recuerdos como nada más puede hacerlo. El olfato y la memoria están estrechamente relacionados. Yo vengo del futuro, muchos de los átomos de los que estoy hecha ahora formarán parte de mí hasta entonces. Pero aquí están hoy contigo. ¿¡No te parece increíble!? Nuestras emociones, las que origina nuestros pensamientos, son tangibles... y transcienden al espacio tiempo, ¡transcienden universos! Si alguno de los quantums de la que soy ahora, hace conexión con una sola de las partículas del que eres tú ahora, aún nivel cuántico-interemocional, lograré retransmitir parte de tus memorias futuras a este presente, por que no hay tiempo ni espacio a nivel cuántico-interemocional, ¿recuerdas?  Es cuestión de conectar un recuerdo futuro, que vas a tener, a este instante..."

 

Carlos decidió en ese momento que nada de lo que ella decía era cierto. Se llevó las manos al cabello y volvió a inspeccionar el entorno, era tiempo de salir... 

 

“Nadie me creyó Charls... solo tú... fue por eso que decidiste ayudarme”. Dijo ella mientras volteaba y volteaba algo más nerviosa e inquieta. 

 

"Carlos, voy a intentar algo para ayudarte a recordar... No vamos a tener tiempo para nada más después de eso. Están por llegar. Saben que estoy aquí, y saben que estoy contigo. Cuando lleguen inventaran cualquier historia... Entonces va a depender de ti... Por favor (dijo mientras  tomaba sus manos) sálvanos, hay demasiado en juego. Debo destruir toda mi investigación, pero sin ti no podré hacerlo...” 

 

Entonces ella le tomó la mejilla casi en cámara lenta y le dio beso en los labios. Fue un beso tierno, nada extenso, suave en realidad, pero dulce... Carlos de ojos cerrados resultó indefenso, su universo estaba inmerso en un viaje interdimensional. 

 

“¡Dulce!”

 

Dijo Carlos después de volver de esos segundos que lo perdieron en el tiempo... 

 

“Tu nombre es Dulce” dijo el... con sus párpados a medio telón. 

 

“Te dije que lo recordarías..." Dijo ella mientras le acomodaba el cabello... 

 

Carlos se agarró la cabeza, para ser una broma, ya había sido demasiado... Ese sabor, la textura de aquellos labios, y lo que es más, ese aroma, le daba vueltas y vueltas a su memoria, a la altura de su hipotálamo... Solo se preguntaba:

 

"¡Qué está pasando! ¡Qué esta pasando!" Lo decía en voz baja. 

 

No se había dado cuenta que en la entrada del Starbucks se había detenido una ambulancia y una Suburban negra. 

 

Un hombre con bata blanca entró al café y caminó directo hacia ellos, Dulce estaba muerta de miedo, pero no hizo nada. El hombre, con su actitud de toso esta bajo control se sentó en el sillón de enfrente, cruzó la pierna y enredó los dedos de su mano huesuda, mientras jugaba con sus pulgares. 

 

“Señorita Sofía, hemos venido por usted. Quiero que me siga y me acompañe hasta la ambulancia, va a estar bien, no queremos armar un escándalo, y no queremos ocasionar daños innecesarios (dijo mientras miraba al rededor del café concluyendo su mirada en Carlos) Por favor, por el bien de todos, coopere". 

 

Ella se abrazó del brazo de Carlos y volteó a verlo. 

 

“¡Dígame qué está pasando!”. Le pidió Carlos al hombre de bátala blanca con la voz firme y segura. 

​

Sin ganas de explicar nada, el hombre volteó a ver a Carlos con los párpados adormilados totalmente condescendiente y dijo:

 

“La señorita Sofia es una paciente del hospital psiquiátrico de al lado... Sufre de una muy rara esquizofrenia, ¿no es así Sofia?” 

 

Dijo mientras la miraba molesto y sin darle oportunidad de responder. 

 

Ella le dijo a Carlos, en voz baja,

 

“Es tarde ya, sé muy bien lo que ellos son capaces de hacer, no te voy a arriesgar”. 

 

Carlos le sujeto la mano cuando sintió que ella estaba a apunto de ponerse de pie. 

 

“Qué historia te contó niño (dijo el hombre algo impaciente) ¿la de los viajes en el tiempo? ¿Física cuántica y emocional? Tengo que admitir que a veces yo también casi le creo (dijo el hombre con una sonrisa burlona). No te culpo si tú también lo hiciste. Y más a una mujer tan bella como ella ¿no es cierto? Te hipnotizo hijo, no te culpo. Qué posibilidades tenías de que una chica así siquiera se te acercara a conversar. Lo que sea que te dijo, todo es una fantasía... Puede inventar cualquier historia... así que te recomiendo que te calmes...” 

 

Entonces dirigiéndose a la chica de mira azul, le dijo:

 

“Esta es la segunda vez que te escapas, y me sorprende, tomando en cuenta el nivel de seguridad de nuestra clínica, descuida Sofía, vas a estar bien... te vamos ayudar a diferenciar la realidad de la ficción. Te sentirás mejor cuando vuelvas con el tratamiento”.

 

“¡Mi nombre no es Sofia!” dijo ella aferrada del brazo de Carlos.

​

“Ok, de a cuerdo, tu nombre no es Sofia, (dijo el hombre poniéndose de pie y extendiéndole amablemente la mano, como siguiendo un protocolo) ¿cómo quieres que te llame?”.

 

Ella solo se puso de pie sin darle la mano,  miró a Carlos y no dijo nada, aún había esperanza en su mirada. 

 

Dieron un par de pasos y en un helicóptero se escuchó volando cerca, el tipo de la bata blanca  se tocó el oído, como si llevara algún dispositivo y estuviera comunicándose con alguien. Extrañado, Carlos comenzó a saborear el sabor que hacía muy poco le había quedado en los labios. Por fin todo estaba en su lugar, todo tenía lógica entonces. 

 

“¡Se llama Dulce!” Gritó Carlos llamando la atención de todo el mundo... mientras su patineta volaba por los aires hacia la cara sorprendida del tipo de bata blanca. 

 

Después de unos segundos de oscuridad. Carlos abrió los ojos, había vuelto de su viaje interdimensional... eran solo él y ella mirándose... 

 

“Tu nombre es Dulce” dijo él... con sus párpados a medio telón. "Tenemos que irnos ya".

 

“Te dije que lo recordarías..."

 

Dijo ella mientras le acomodaba el cabello.

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